La tierra

Los campos áridos y sedientos,
extendidos y llanos,
buscan casi implorantes
el llanto de los cielos.
Lucen secos y exhaustos
reclamando clemencia
al viento hostil y ardiente
que de los surcos se adueña...
Y entre los remolinos de polvo enardecidos,
esquivando malévolas espinas,
marcha casi resignado el rebaño a su sino...
Su horizonte de aguas
es sólo un espejismo...
Agobiante y tremeda realidad de las pampas,
cuando el agua se niega
y las nubes escapan...
Hasta que un bendito día
Tata Dios se conmueve
y una lluvia copiosa se desploma en el llano.
Y mientras la magia en gotas se desliza en las plantas
un perfume esperado de humedecidos granos
se esparce inagotable sobre la tierra fresca,
y unas rústicas manos
de una ternura inmensa,
agradecen al cielo,
la gracia recibida...
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Milagros de la siembra...
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Milagros de la siembra...















